20080818

Las ideas y las palabras

Por Gabriel Boragina ©

Uno de los principales problemas con que nos afrontamos los estudiosos de las ciencias sociales, es la imprecisión del lenguaje, la vaguedad y ambigüedad de las palabras. Las ciencias "exactas" corren con ventaja en este sentido, no porque verdaderamente sean exactas, en rigor, no existe nada exacto en la naturaleza, sino porque lo exacto en ellas es el lenguaje con el que se expresan, en efecto, disciplinas como las matemáticas, la física, la química, la biología, la astronomía, etc. no tienen nada de exacto ellas en si mismas, lo que es exacto es el lenguaje con el que se expresan sus teoremas, que no es otro que un lenguaje simbólico, como el de las matemáticas.

De allí, que en ciencias sociales, frecuentemente tengamos que repetir, reiterar y definir una vez tras otra el significado que le damos a las palabras, precisamente, porque la característica de esta clase de lenguaje es la ambigüedad, por ello es tan frecuente que la misma frase o aun la misma palabra sea interpretada por dos personas de manera completamente disímil.

A ello, tenemos que sumarle que los tiempos y las modas hacen lo suyo y van transformando el significado de las palabras, y si para peor, consideramos que no todos los seres humanos hablan el mismo idioma sino que hay cientos de ellos, el panorama para entenderse no puede ser mas complicado todavía.

Aun así y todo, y a pesar de tan desconsolador panorama, los seres humanos tenemos que realizar lo posible por tratar de hacernos entender los unos a los otros, porque, como reza un antiguo y celebre refrán "la gente hablando se entiende" aunque esto es, las mas de las veces, una expresión de deseos que una realidad. Muchas personas -sino todas- forman sus propios criterios basados generalmente en ideas de otros, a quienes admiran o respetan o bien imitan, en ocasiones por causas que ni el propio sujeto puede identificar con claridad.

Volviendo a la necesidad de hacerse entender, cuando los autores repiten recurrentemente -en un mismo o diferentes textos- ideas o comentarios, conceptos y teorías, generalmente, lo hacen para poner énfasis en nociones que quizás en ese momento no son bien comprendidos por la gente que el autor en cuestión estima serán sus lectores y destinatarios de sus escritos, otras veces, el énfasis se debe, a insistir sobre ideas nuevas que también podrían ser recibidas con cierta dificultad por aquellos posibles potenciales lectores u oyentes, ya que el medio por el cual se transmite ideas y conocimientos, como la experiencia me lo ha demostrado a mi y a otros, no cambia en absoluto el fondo de la cuestión.

Particularmente, este es mi propio caso al escribir mis libros y artículos.

Ligereza y superficialidad.

Con todo, nadie puede sentirse autorizado a criticar a un autor si no puede demostrar que ha leído mas de un cincuenta por ciento de sus obras, cota que en la práctica se halla muy lejos -por cierto- de la mayoría de los críticos de obras, vivimos en una época de tanta superficialidad que, indudablemente, la relajación ha llegado al campo de la cultura y de las letras, hoy por hoy, cualquier improvisado, ajeno total o parcialmente a la disciplina sobre la cual pretende tener "autoridad", critica con aires de suficiencia a autores de los cuáles apenas puede demostrar haber leído escasamente una o dos líneas de sus textos originales, en tanto la mayoría de los críticos ni siquiera pueden demostrar haber leído siquiera los títulos de las obras que pretenden criticar.

Esto complica muchísimo mas el problema de hacerse entender y de trasmitir ideas y conceptos nuevos, que numerosos de ellos en realidad no son tan nuevos, sino desconocidos. En efecto, la mayoría de las discusiones que se suscitan en el aérea de las ciencias sociales tiene siglos de existencia, ocurre que son completamente desconocidos e ignorados por las grandes masas e incluso por nuevas generaciones de estudiosos e intelectuales, de modo que tienden a plantearse cuestiones que ya fueron discutidas en el pasado y, sin saberlo, los modernos no hacen mas que reactualizar una y otra vez.

Ahora bien, forzoso es reconocer que si bien existen, en cualquier área que se analice, multiplicidad de teorías y, en un lenguaje popperiano, cientos -o miles quizás- de conjeturas, no obstante ello, y como ya señalaba en el siglo XV el filósofo francés Michael Montaigne, la gran mayoría de los malos entendidos y disputas entre las personas se debe tan solo a desacuerdos gramaticales, hay algo mas grave aun, la naturaleza emocional del hombre lo hace reparar (en cualquier conversación o lectura), mas en la forma en la que se expresa una idea, que en la idea misma, y por consiguiente, lo hace atender mas en las palabras que utiliza el otro al expresarse, que en lo que quiere significar con tales palabras. Este defecto, terriblemente común en personas de cultura media y baja es, en cambio, también observable en algunas personas de cultura alta, lo cual es, prácticamente imperdonable.

Otras cuestiones implicadas.

Hay, sin embargo, otras cuestionas implicadas en la dificultad de entenderse que tienen las personas en los diálogos, que se pueden dividir en dos ramas básicas; la primera es el de la persona que no entiende, de ningún modo, el significado con el que se utilizan las palabras y por consiguiente, tampoco entiende las ideas que se le pretenden trasmitir con tales palabras, en tanto que la segunda, es el de aquellas personas que poseyendo un grado de cultura e instrucción aceptable y suficiente para ello, se niegan, no obstante, a entender la significación que su interlocutor le da a sus dichos. En mi experiencia docente, esto lo noto a diario, la diferencia radica, en resumidas cuentas, entre el que no puede entender, porque no esta aun preparado, (o no puede prepararse) y el que pudiendo entender, no desea en absoluto hacerlo. En tanto que el primer caso es excusable, el segundo no lo es, si bien los supuestos del primer tipo son bastante numerosos, los ejemplos del segundo tipo los superan con creces, en efecto, con los medios que se disponen hoy en día, la tecnología, prácticamente al alcance de todos, la radio, la TV, el Internet, hay poco margen para la ignorancia absoluta o la desinformación completa, esto quizás, sería argumentable una centuria atrás, pero en los tiempos que corren, sería totalmente inaceptable esgrimir este tipo de excusas.

Lamentablemente, el segundo caso es el mas frecuente y numeroso, no porque muchas de las cuestiones que hoy se debaten sean extremadamente complejas, sino por la sencilla razón, que la mayoría de las personas, aun las sedicentes cultas, son mas movidas por la petulancia, la arrogancia y la pedantería, que por la virtud de reconocer que el otro puede ver de forma diferente las cosas, sin necesidad de que este animado por alguna perversión para ello, en otras palabras, la tendencia a pensar que quien discrepa con nosotros está impulsado por la perversidad y la maldad, esta fuertemente arraigada en nosotros. Este rechazo a la discrepancia, cuando se llega al poder, es sumamente peligroso en posesión de tales personas. Efectivamente, es muy humano y también muy riesgoso, creer desde una posición de poder, que la razón siempre estará de nuestro lado.

La cultura.

Hace tiempo que creo que hay una cultura que infunde en nosotros las virtudes y otra que hace hincapié en los vicios, a la vez que trata de inculcarnos como virtudes, como dijimos antes, la soberbia, la arrogancia y la pedantería, que son debilidades humanas, bastante arraigadas en la mayoría de las personas, pero también es cierto, que hay culturas que fomentan estas debilidades como si fueran valores deseables a perseguir, el socialismo es una de estas culturas, su base es la envidia, el desprecio y el odio al exitoso, al individuo que obtiene logros, sobre todo, si estos logros son de índole económica.

Claro que, cuando hablamos de socialismo, me estoy refiriendo a algo muy especifico y concreto y no a cualquier significación romántica o de interpretación libre que le deseemos dar al termino, porque insisto, que si los humanos deseamos algún tipo de acuerdo, o aproximarnos a algún tipo de entendimiento, la primer concordancia a la que debemos arribar, es que las palabras no tienen un sentido unívoco y que ello nos obliga siempre, si queremos ser honestos intelectualmente, a aclarar en todo momento y lugar, qué queremos decir con las palabras que utilizamos. En el caso del socialismo, el liberalismo y el capitalismo, he dedicado buena parte de mi carrera a estudiarlos primero, y explicarlos mas tarde, basado en una tradición de pensamiento casi desconocida -por no decir que por completo ignorada-, me refiero a la Escuela Austriaca de Economía, nuevamente, intentar debatir conmigo términos y conceptos a los cuales yo les estoy dando una significación concreta, que a su vez está inscripta en esta tradición de pensamiento, sin manejar mi interlocutor nociones mínimas de dicha tradición o escuela, lleva, como la experiencia también me la ha demostrado en mas de una ocasión, a círculos viciosos que no conducen, en rigor, a parte alguna. Y esta no es una posición arrogante ni misteriosa, de momento que a nadie se le niega saber lo que ignora, la escuela austriaca de economía no es un saber oculto, ni una ciencia esotérica accesible solo a un pequeño grupo de iluminados, por el contrario, todo aquel que desee instruirse sobre sus postulados, ya sea básicos o profundos, puede hacerlo en muchos sitios, tales como el CEEFIP , y a muy bajo costo, el punto en cuestión es, que como he dicho antes, la gran mayoría de las personas con la que he venido discutiendo estos temas desde hace bastante, y que se confiesan socialistas o socialdemócratas de una u otra manera, simplemente no desea saber cosa alguna sobre esta escuela de pensamiento, pero su arrogancia, petulancia y pedantería, no les impide querer cuestionar sus postulados, desde la mas supina ignorancia y desconocimiento, aunque con insolente autoridad.

Esta es la actitud que marca la cultura de nuestros tiempos, la soberbia, la ignorancia y la pedantería, el pretender maestría sobre lo que se ignora, el rechazo a la humildad, a la actitud socrática, este es legado de la sociedad socialista.